¿No es muy sabido ya
y repetido desde siempre
que traicionan las palabras
y pueden bien sanar
o bien llevar al abismo?
¿No es posible llamar
a la muerte y la deshonra
con el nombre de la vida,
y llamar Dios al Demonio?
Tal vez el poeta
sea un gran engañador,
mueva a las ovejas
al barranco.
Y el valeroso profeta
comercie, o él mismo
se engañe y no entienda
quién habla en su corazón.
¡Somos niños los hombres!
¡Los adultos nos someten
con su fuerza y temeridad!
¿Acaso aquel que sus años
fueron en tiniebla
no será deslumbrado
con solo una lámpara, o el sol
será a él la máxima luminaria
y no buscará ya
la Luz de su Creador?
¡Ah la verdadera Justicia!
¡Ah la verdadera Verdad!
¡Ah el Dios verdadero!
¡Ah quien pueda librarnos!
¡Ah, te ruego, vigilante, no dejes
de velar!
de velar!
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