No
nos bastan ni cien años llenos de viajes
para
abarcar la extensión de la Tierra toda.
Siempre
quedará una maravilla
no
descubierta y un misterio en develar.
Ni
basta a la NASA toda
su
exploración, porque la Luna
siempre
sorprenderá en su belleza,
y
Marte enseñará inconcebibles riquezas.
¿Quién
entenderá las pulsiones del Sol
y
la órbita de todos sus rayos en la mañana?
¿Quién
oirá la canción de Mercurio,
orgulloso
de su fuerza interior?
Magos y sabios del mundo
acarician un poco la luz,
les
viene luego trastorno y una densa opacidad.
¡Ah
quién descifrará su sueño al faraón!
¡Salga
la mente del hombre
de
esa pequeña celda! ¡Libre su alma
de
tal absurda estrechez!
¡Si somos unos niños ingenuos!
Ninguna
torre de Babel llegará
a
los montes del cielo,
ni
habrá nave presurosa
que
hurgue las faldas del Creador.
Caerá,
caerá hasta el escombro
la
soberbia, caerá el ciego en su pozo.
Noche
sobre la noche caerá.
Y entonces
el polvo y la arena del mar
y
la rama en el desierto clamarán:
¡Muevas el viento a nuestro favor!
¡Muevas el viento a nuestro favor!
Muy bueno, Marcos.
ResponderEliminarSomos tan finitos... . Creo que cuanto mayor conciencia tenemos de la grandiosidad de Dios, más humildes, sencillos y agradecidos nos volvemos!
Melisa G. P. de Y.