31 mar 2014

En debate

Todas las religiones están equivocadas,
salvo nosotros.

Todas las religiones son iguales,
en la esencia
que anunciamos.

Todos somos perfectos,
solo distintos.

Nos hemos quemado,
todos,
no hay salvación.

Todo es misterio,
nada puede decirse.

Todo el sentido es reír.
Todos debemos orar
y ayunar.
Todo es absurdo.

Todo surgió de la nada.
Todo es creado.
Todo está en el amor.

Luego vino Dios
a mostrarse.
Y ellos siguieron hablando.

Lección de botánica

Nuestro cuerpo es una maceta.
Nuestro espíritu la tierra.
Dios pone en nosotros
la semilla,
su Hijo amado,
y por el agua que es su Espíritu de Vida,
crecerá a su tiempo la flor.
Y esa flor quedará
en el parque de los cielos.


30 mar 2014

A la muerte

No te amamos, no te deseamos.
No hables de nosotros, no nos pidas nada.
Sos detestable, una herida.
No vengas, no te acerques, no nos pienses siquiera.

Te odiamos, abominable.
Ojalá decaigas, te destronen,
ya no tengas poder.
¿Quién te quiso? ¿Quién te llamó?

Solo hay maldición en tu nombre,
implacable, devoradora,
te burlaste
de millones de lágrimas
y oraciones, y muy nobles actos.
Tantas veces preferiste
castigar al valiente, al generoso,
al hombre de bien,
y cuidar en su lugar
al que te merecía realmente.

¿Dónde estás? No te ocultes.
Tenemos furia con vos.
Vamos a golpearte,
vamos a agredirte del todo,
muerte, y a matarte.

¡Vamos, muerte, a matarte!
¡Si pudiéramos!
¡Si nos dieran las armas!
¡Quién nos librará de vos, horrenda,
reina de la noche, tramposa!

No seguiremos más tu camino,
no atenderemos nunca tu voz.
Será la vida nuestra vida,
solamente, y toda nuestra ley.
Y ya verás, mentirosa,
cómo por la vida misma
lo haremos.



28 mar 2014

Por ella

Este deseo mío, tan fogoso y tan dulce,
me deslizo y no pienso,
mi vida es sueño, porque la veo,
porque ella me ve y puedo tocarla,
porque tanto la deseé
y ahora ella también pide mi beso.
Alguien me ha dicho que no.
No es tuya no es el momento.
Que la evitara y no la buscara,
me ha dicho, que es veneno
el fruto de mi ansia.

Qué sabrá él de sueños
y esta delicia
de abrazarla y rodearme con toda ella.
Qué noche ve en mi alborada
aquel obtuso, viejo
enemigo del amor.
Por qué me acusa,
cómo no entiende
cuán puro y noble gozo
me liga a ella, que no hago mal,
que honro la vida,
que hay su caricia también.

¡No me juzgues, no insistas
con la densa
y opaca fórmula santa,
la agobiante y severa senda de la fe!
¡No voy a enturbiar estas aguas!
Quiere mi fuente radiar,
derramarse vigorosa, y alegre,
rebosarme, empaparme,
inundarla y henchirnos de fragor,
regar el mundo con el agua
de tenernos.

¡Mala, mala,
sucia y pavorosa tu voz!
¡Lejos de mí tus palabras,
ángel de penas,
de tan fría cárcel a mi alma!
¡No pienso dejarla! Duramente
luché por su cariño,
y ahora es mía y es lo único
que acepto como vía y realidad.

¡Ay,
lo suplico,
no me prives de ella!
Cualquier otra cosa, Cristo, que me pidas,
cualquier otra cosa,
la haré gustoso y alzaré tu nombre,
Cristo, pero no...
no ella.

Sé que hoy no te busca, lo sé,
ni te ha seguido nunca,
pero Señor...
es buena, y quizás
algún día crea,
yo la anime, digo, y se convierta,
y seamos tuyos,
ambos,
enteramente.

Ay, es mucho dolor.
Pase, pase de mí esta copa,
si es posible,
Padre, y si no,
lo acepto,
me guíes.

25 mar 2014

Esa atracción

¿Qué es eso del mal que nos fascina?
Porque lo vemos
y no nos basta la luz.
Ansiamos descubrir qué ocurrió,
dónde estaba Dios cuando la noche
reposaba, al principio,
sobre la faz del abismo.
¿Quién es ese que irguió su alma,
seguro, contra la Roca,
y cayó terriblemente de la gloria?
¿Cómo pudo ser?

¿Por qué, Jehová, prohibiste aquel árbol?
¿Qué era aquello que querías
que tus hijos no gozaran?
¡Y ahora quién resolverá esta locura tremenda!
Que todo un mundo,
avistado apenas,
de altura infinita, inagotable,
nos cela ardiente y batalla,
y nosotros, quedos, revoloteamos.
¡Si pudiéramos pelearnos de igual a igual!

Pero si acaso la orden es no,
y así no podemos saber
ciertas cosas,
o cruzar tal frontera,
si debemos creer solamente la palabra
de este o aquel,
y decidir cada día por el todo o la nada,
¡rogamos entonces nos avive
tu más honda piedad!
Y sepas guiarnos, pastor,
por las sendas de paz.

Tan débiles somos.
¿Cómo evitaremos a aquel,
más grande y astuto que nosotros,
increíblemente atractivo
pero maldito
y desechado por siempre?
¿Qué imán nos prenderá a tu luz?
¿Qué lazo de amor
nos ligará con ella en vigor,
para no gustar ingenuamente
la penumbra?

Aterrados, temblorosos,
como una frágil paloma,
nos resta confiar en que quizá
tu enojo pueda calmarse,
y en la alegría con que ayer nos hiciste,
hoy regreses,
nos mires con afecto,
digas “vengan, hijitos,
los estaba esperando”. 


24 mar 2014

Quiero que lo busques infatigable

Como si no tuvieras nada,
como si todo dependiera de él.
Como si estuvieses raído,
como si el cuerpo te fallara.
Quiero que lo busques aunque te duela,
aunque se queme tu alma.
No lo dejes,
no desistas
hasta que él venga sobre vos.

Ni tu padre ni tu madre lo entienden.
Los amigos no te llaman.
Ni el más íntimo comprende lo que pasa.

Buscalo infatigable,
tu camino
es solo hacia adelante.
Golpeá su puerta y pedilo
día a día hasta que quiera.
¿Qué cosa hay mejor?

No es fácil, todo el mundo
se te opone y te seduce al error.
Pero es tu vida misma
que te anhela y aguarda,
bella novia junto a él.

Será que luches con dragones,
y cruces abismos,
y debas rendirte completamente al amor,
no te canses.
Cuando mueras por la vida,
llegará.
Y habrá para vos
una ofrenda preciosa.


21 mar 2014

Un dilema

¿Cómo predicar a Cristo
sin humillarlo?
¿Cómo hacer obras dignas de él?

¿Cómo decir lo que es
y no opacarlo?
¿Cómo ser ejemplo de la fe?

Tal vez escribo demasiado.
Me inquieta no lograr
convocarlo.

¿Cómo ser bello y verdadero,
nuevo y eterno,
sincero aunque libre de mi ego?

¿Con qué palabra expresar
la Palabra?

¿Qué brillo dar a la Luz?

Si a Dios anuncian las nubes,
los mares, las colinas
y los actos de amor,
¿qué puedo hacer yo
que ignoro tanto?

Lo acepto,
echo mi nada a sus pies.
Seré quizás como el viento
y algún día
a su mando
soplaré.

20 mar 2014

Como Job


Príncipes y potencias de los cielos
fueron congregados ante Yahweh.
Entre ellos estaba Luzbel,
eficaz padre de engaños.

Su Creador le habló diciendo:
Luzbel,
ministro de la maldad,
¿hasta cuándo vas a pelear contra mí?
Te vi andar mucho por la tierra,
y espiar a mis criaturas ahí.
Decime, ¿por qué lo hacías? 

Respondió Satanás:
Como ayer es hoy,
sigo deseando el mal para los hombres,
envenenar sus moradas
y atraerlos a mí.

¿Y qué encontraste en la tierra?,
dijo el Señor.
Que son más los que aman
y obedecen la impiedad,
que aquellos que te honran, oh Yahweh.

Y entonces el Rey del Universo
habló a Satanás con estas palabras:
¿Viste acaso a David, mi poeta,
cómo es fiel y justo delante de mí,
apartado de todo mal
y escriba de mi luz? 

Lo he visto, Señor, lo he visto.
No pienso, sin embargo,
que sea perfecto. ¿No dejaría
su lealtad y coherencia,
la limpieza de su ser,
si de pronto fuera enaltecido,
más de lo que él sueña o imagina,
y todo elogio, todo poder, toda riqueza
le llegaran, y aun si pecara
vos no lo afligieras,
y en cambio lo hicieras prosperar? 

Tu intención es inmunda, Lucifer.
Pero lo haré,
probaré a mi siervo David,
para que sea perfecto,
y así nadie en el cielo ni en la tierra,
ni debajo de la tierra,
ni aun vos, arrogante y perverso,
podrá jamás sospechar de él
ni acusarlo de nada,
y en su justicia seré visto,
y mi gloria será vista por él. 

Creció al instante David
con plena abundancia.
Toda cosa apetecible y codiciable
a este mundo le vino,
y era envidia a los ojos
del espíritu y de la carne.

¡Aleluya a los santos en la eterna majestad!
David, poeta y siervo del Señor,
en sus muchas ganancias,
en su inmensa fama
como la de ningún otro escritor,
siendo así seducido
por hombres y mujeres
en todas las naciones a pecar,
y a toda idolatría,
no pecó. 

Vivió modestamente,
para guardar su corazón:
dio a los pobres su ganancia.
Por su fama hizo arribar
en millones
la Palabra,
salvó muchas almas.
Tocó solamente
a la mujer de su pacto,
y amó tiernamente, en rectitud,
a sus hijos, veló por ellos,
quienes fueron grandes para Dios. 

Luego David
reposó,
cruzó las puertas de la vida.
Tuvo corona,
y su nombre
para siempre será.
 

19 mar 2014

Ministro escogido

Multitud de hombres había frente a mí.
Todos en la misma condición,
todos eran polvo, nada,
eran silencio en mi alma.

Cuando quise darlos a nacer,
a unos designé riqueza en su hogar,
a otros villa miseria;
a unos dones de ciencia,
de arte, de empresa, de influencia,
de gobierno, de asombrosa inteligencia,
a otros cosa modesta,
gran fragilidad.

De unos dije Crecerán,
serán de fama en la tierra,
y a otros puse en lo secreto,
en la continua discreción.
No eran nada y yo los hice.
Nada podían ni querían;
yo di a ellos luz y potencia,
marqué los plazos de su vida,
sus azares ordené
y a ninguno desconozco jamás
en su misterio profundo.

Yo que di forma a los astros,
y esparcí seres en la entera infinitud,
yo mismo dije de vos
que serías mi santo.

Ah, ministro escogido,
te digo en verdad que no eras mejor
ni más limpio que todos ellos.
Te alcé del fango,
te sané con la sangre de mi cruz.
No me pedías, no me buscabas,
y yo te rodeé con mi amor.
Me plació tenerte,
y ser tenido por vos.

Luego tan poderosamente cayó
mi gloria a tu ser,
que encendido fuiste,
que hubo fuego en tu corazón.
Viste gran sabiduría,
ennoblecí tu voz.
Te hice líder y maestro,
heraldo de la fe,
pastor de mi rebaño,
agente de mi ley.

¿No te conmueve?
¿No te enorgullece
la amplitud de mi gracia?

¡Cuántos desearían
aunque fuera las migajas
de aquello que te di!
¡Cuántos rendirían
todo lo que tienen
por esta mi gracia!

Hijo muy valioso,
favorecido, enriquecido
sumamente.
¿Cómo no esperaré de vos
un poquito más?

Ya, lo diré de una vez.
No te voy a privar
de conocer lo que juzgo en tu contra.

Siervo perezoso y negligente,
¿no te hice yo ministro de mi palabra?
Dejaste de creerme,
te burlaste de mí.
Tomaste solo aquello conveniente
a tu ego y tu solo interés.
Amaste el dinero.
Hablaste en mi nombre
lo que yo nunca te hablé,
y a mi rebaño guiaste
a espinos y hierbas
que no pueden comer.

Lascivia y vanidad,
petulancia y doblez.
Eso encuentro en lugar
de mi justicia,
del evangelio del Reino.

¡Seductor falaz,
veías y elegiste la ceguera
y arrastrás a mi pueblo
por abismos,
a la misma condenación!

Mando por el bien de tu alma
que despiertes ahora,
reconozcas tu desvío y tu mal.
No desprecies más mi llamada,
no te maldigas tan neciamente.

Convertite a mí,
como en el día en que me hallaste.
Volvé a ser aquel hombre
puro y humilde,
vaciado ante mí.

Vamos,
no te tardes,
porque te amo y quiero salvarte.

17 mar 2014

Tal siguiera

Si acaso el día no fuere hoy,
y aun resoplara entre los hombres
un día, un año, un siglo más,
si no cediera mi fuerza
y aun pudiera pensar y querer,
yo qué diría, qué rumbo tomaría,
medito,
cómo honraría un nuevo sol.

Dios que me das el aire,
que ordenás mis designios,
creo haber asumido ya
que no es lo mucho o poco
que se dure, ni los viajes
ni los premios
ni aun siquiera los afectos,
lo que vale, toda vida
es una sombra,
se desliza y perdemos
la memoria,
la palabra, la obra.

¿Dónde hacer, oh Dios,
la inversión más provechosa?
¿Qué no se irá cual nada en el tiempo?

Tan grande misterio
el camino y el aliento,
de saber si en verdad aquello
que aguarda a todo hombre
al entrar en su silencio
será en belleza o pavor,
si veremos ponderadas
nuestra fe y nuestra esperanza,
o si acaso
sufriremos.

¡No puedo no sentirte, futuro,
como un drama
de agobiante inmensidad!

Pero lo sé,
debo ser valiente.
Y aunque tiembla mi pulso
y el poema se estrecha
y lo escrito parece
alentar presunción,
sigo siendo.

Por lo que juzgo mejor
ya no proverbiar,
no especular,
no arengar demasiado.
Viendo los cielos,
sigiloso,
paciente,
manso,
caminaré.


Salga de mí Jesucristo

Salga de mí Jesucristo,
salga.
Libre de mí sea él.

Lo desato, rompo sus cadenas.
Emerja de mí,
rebulla intensamente.

Salga de mí, salga, salga.
Quiebre ante sí mi alma.

Avance, abra paso,
y exclame ¡el Reino ha llegado!

De pronto,
como si nada,
sorpresa al mundo y a lo alto,
 dé yo la otra mejilla
y ande seguro en el mar.

No viva ya como antes,
sino que viva
sobre mí
la Vida misma rebosante.