16 mar 2014

Ellos


Hay una minoría en el mundo
que no ha perdido la batalla.
Puja, impulsa terriblemente
su fuego interior. 

Hay unos pocos
-¿famosos?, lo dudo-
que avanzan como roca,
derriban toda avaricia. 

No se entiende por qué,
qué los motiva,
en qué luz, con qué derecho
desprecian el ejemplo de tantos. 

Y no roban, no roban, no roban.
No llaman bueno a lo malo.
No los corrompe el dinero,
no los corrompe, no puede,
por qué no sé.

No los corrompe siquiera
la viva pasión de su carne,
raros, locos. 

No caen seducidos
por relucientes palabreros,
cualquiera moda,
religiones, filosofías,
nuevas o antiguas,
torcidas,
del todo. 

No matan, no pegan, no insultan.
Se les pega, insulta y aniquila.
Aman, se los odia.
Los muchos buscan opacarlos,
volverlos atrás,
reunirlos a la masa. 

Se sospecha de ellos.
Se los llena de calumnias.
Todos ponen trampa a sus pies. 

Qué estrellas, qué universo, qué abundancia infinita.
Misterio del todo:
Estos pocos no pisan la trampa. 

No se agitan,
no saltan en defensa de sí.
Calladamente
rinden sus almas a la luz.

Luego son influencia,
y algunos del error
se les suman,
se liberan,
y aunque pocos, minoría,
son la sal que nos preserva.

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