¿Cuánto
darías por mí?
¿Cuánto
harías por ser digno de mí?
Puedo
hacer que hables mis palabras,
que
seas como la pluma de Dios.
En
vos podría mostrarse
la
belleza del Reino,
y
andarías sin miedo
a ser desconocido,
a
pobreza y persecución.
Tus
escritos podrían
resonar
aún en los Cielos,
y
todo hambriento, todo sediento,
al
leerlos,
sería
saciado.
Darías
firmes esperanzas,
la recta esperanza de mi amor,
y
todo enfermo sanaría,
de cierto los
muertos vivirían.
Pondría
tu nombre muy en alto.
Más
que en la historia,
más
que entre maestros del arte.
Habría
sello para tu nombre
en
mi Libro,
estarías
conmigo en la Eternidad.
Entonces, ¿confiarías?
¿Creerías
sin dudar en mi voz?
No
buscarás otra musa.
Solo
mi Espíritu será tu inspiración.
No
pretenderás agradar
a
ninguno de los hombres
sino
a mí solamente.
Renunciarás
a toda gloria vana,
a
tus ideas, a todos tus caminos.
Me
verás y serás como yo,
seré
yo tu camino,
y
yo la fuente de todas tus ideas.
Serás
grande pero no por tu fama,
no
por talentos ni inteligencia.
Tu
grandeza será en tu pequeñez,
en
la que yo seré grande sobre tu alma.
Serás
justo y compasivo.
Amarás
mi verdad y solo en ella amarás.
Serás
luz en la noche del mundo,
darás
el pan necesario,
y
no te envanecerás.
Te
he llamado y te he escogido.
Te
quiero parte de mí.
Te
libero del peso del pecado,
del
fuego eterno,
de
toda culpa.
Serás
bueno y santo.
Yo
te enseñaré.
Y
así realmente serás,
tal el Padre desea,
mi
siervo, mi amigo y mi poeta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario