No
te amamos, no te deseamos.
No
hables de nosotros, no nos pidas nada.
Sos
detestable, una herida.
No
vengas, no te acerques, no nos pienses siquiera.
Te
odiamos, abominable.
Ojalá
decaigas, te
destronen,
ya no tengas poder.
¿Quién
te quiso? ¿Quién te llamó?
Solo
hay maldición en tu nombre,
implacable,
devoradora,
te
burlaste
de
millones de lágrimas
y
oraciones, y muy nobles actos.
Tantas
veces preferiste
castigar
al valiente, al generoso,
al
hombre de bien,
y
cuidar en su lugar
al que te merecía realmente.
¿Dónde
estás? No te ocultes.
Tenemos
furia con vos.
Vamos
a golpearte,
vamos
a agredirte del todo,
muerte,
y a matarte.
¡Vamos,
muerte, a matarte!
¡Si
pudiéramos!
¡Si
nos dieran las armas!
¡Quién
nos librará de vos, horrenda,
reina
de la noche, tramposa!
No
seguiremos más tu camino,
no
atenderemos nunca tu voz.
Será
la vida nuestra vida,
solamente,
y toda nuestra ley.
Y
ya verás, mentirosa,
cómo por la vida misma
lo haremos.
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