8 mar 2014

La ciudad

Ella,
nuestra codicia implacable,
ella el rubor de mis palabras.

La buscamos infinita,
secreta en las horas más felices
del amor.
Generosa,
ella ofrecida a los valientes,
siempre inmerecida.

Como la luna descubierta,
como la leche y la miel.
Desde su origen derramada
a los hijos de la gloria.

Toda abundante,
vivimos y morimos por ella,
somos
en el rigor de su ley,
y en su materna suavidad.

Ella somos nosotros,
los que la vemos presente aunque lejana.
Reflejada tan solo,
hechura del ansia,
de la fe,
de quien nos dijo vengan,
de quien fundó nuestra fe.

Nuestra alegría deseándote, promesa.
Rogándote nos abras la puerta.
Nos seas el aire,
pronto, ciudad reina,
vida nuestra y herencia.


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