Salga
de mí Jesucristo,
salga.
Libre
de mí sea él.
Lo
desato, rompo sus cadenas.
Emerja
de mí,
rebulla
intensamente.
Salga
de mí, salga, salga.
Quiebre
ante sí mi alma.
Avance,
abra paso,
y
exclame ¡el Reino ha llegado!
De
pronto,
como
si nada,
sorpresa
al mundo y a lo alto,
dé
yo la otra mejilla
y
ande seguro en el mar.
No
viva ya como antes,
sino
que viva
sobre
mí
la
Vida misma rebosante.
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