2 mar 2014

El Revolucionario


Entre diez, entre cien o entre mil,
siempre estará,
tal vez invisible,
el llamado a cambiar las naciones.
 
Tal vez ignorado,
siempre estará
el que odie ferviente,
no tolere ni un poco,
la soberbia, la codicia.

No hará alarde de sí,
no acusará lo malo
sin antes pulir su corazón,
sin rendirse primero
a toda verdad, toda justicia eterna. 

Comenzará poco a poco
a llorar penas de muchos,
sentir lo que debieran sentir
muchos que no sienten.
Rogará sean perdonados
aún quienes se burlen de él.

Luego tendrá la fuerza
de cielos y alegrías infinitas,
inefables,
y su hablar será cántico,
su canto río y tormenta,
aun su silencio
sonará,
como cosa profunda. 

¿Y quién lo entenderá?
¿Quién dará gracias por él?

Los que vean verán.
Los que sepan sabrán.
Fiesta, fiesta del alma,
al que quería,
al que llamaba, imploraba,
al que pedía constante la vida,
deseaba lo bueno,
pujaba,
corría y no desmayaba. 

El Revolucionario.
Cada una de sus obras
será la respuesta a un clamor.
Habrá en su palabra
más fuego y potencia que en las armas.
No temblará.

Tendrá quien lo defienda,
lo alce y lo proteja,
y él confiará.
Subirá aun sin ver la escalera,
y llegará.
 
Sabrá él certeramente
que en todo momento,
y en todo lugar,
su Cristo lo guía.
 

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