Entre
diez, entre cien o entre mil,
siempre
estará,
tal
vez invisible,
el
llamado a cambiar las naciones.
siempre
estará
el
que odie ferviente,
no
tolere ni un poco,
la
soberbia, la codicia.
No
hará alarde de sí,
no
acusará lo malo
sin
antes pulir su corazón,
sin
rendirse primero
a
toda verdad, toda justicia eterna.
Comenzará
poco a poco
a
llorar penas de muchos,
sentir
lo que debieran sentir
muchos
que no sienten.
Rogará
sean perdonados
aún
quienes se burlen de él.
Luego
tendrá la fuerza
de
cielos y alegrías infinitas,
inefables,
y
su hablar será cántico,
su
canto río y tormenta,
aun su silencio
sonará,
como
cosa profunda.
¿Y
quién lo entenderá?
¿Quién
dará gracias por él?
Los
que vean verán.
Los
que sepan sabrán.
Fiesta,
fiesta del alma,
al
que quería,
al
que llamaba, imploraba,
al
que pedía constante la vida,
deseaba
lo bueno,
pujaba,
corría
y no desmayaba.
El
Revolucionario.
Cada
una de sus obras
será
la respuesta a un clamor.
Habrá
en su palabra
más
fuego y potencia que en las armas.
No
temblará.
Tendrá
quien lo defienda,
lo
alce y lo proteja,
y
él confiará.
Subirá
aun sin ver la escalera,
y
llegará.
Sabrá
él certeramente
que
en todo momento,
y en todo lugar,
su Cristo lo guía.
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