Primero que nada me siento cerca,
hecho invisible te observo, no parpadeo,
proceso tu piel de a milímetros y moléculas y hago que tu
mente se despliegue entera desde tu boca y tus ojos.
Y descubro cada instancia de tus pensamientos,
la infancia viva,
el alcance de tus gustos y miedos.
Poco a poco voy dejándome ver.
Quiero que me hagas preguntas.
Llegues incluso hasta la última vez que lloré.
No vamos a tocarnos sin antes agotar sufrientes nuestra
curiosidad.
Y más tarde,
ya sensibles,
voy a hablarte de un juego, de un rito perfecto para
volvernos amor.
Parémonos frente a frente diré.
Comenzaré a soplar tus labios y harás lo mismo,
por casi una hora,
hasta que tiemble nuestra cabeza y caigamos idos uno sobre
el otro.
Luego tu pelo mojado recorrerá mi espalda,
gustaré de tus pies bañados en caramelo.
¡Salgamos a bailar! me dirás.
Saldremos y bailaremos el mismo baile siempre,
en un templo,
en un hospital, en un campo arado y en la luna.
Tomaremos leche.
Al cantar ocuparás mi oído y quedarás allí por algunas
semanas,
y fuera ya me digerirás, me harás parte de tu vientre.
Yo te consumiré.
Seremos un vapor y miembros del aire.
No hay comentarios:
Publicar un comentario