27 feb 2014

Inquietud

Por favor ya no me grites.
No me hables en vigor y potencia.
Solo quiero que entiendas
que no es tan fácil para mí.

No es que no crea
ni que tenga tu fe por locura.
Es que no puedo darme sin que antes
vos oigas y atiendas una leve inquietud.

Me hablás del juicio de Dios,
del fuego inminente a los malos,
e insistís de tal modo con eso
que pienso que quisieras ahogarme,
lograr que me derrumbe,
que llore y admita 'soy pecador'.

No me enoja.
Sé que es prédica antigua y que aun tiene su fuerza.

Y es tremenda.
Pero veo ahí un problema sutil.

Aunque te quiero y respeto,
no confío del todo.
Aunque te noto sincero,
bien podrías engañarte.

Hay muchas sectas y religiones,
y es sabido cuánta violencia,
cuánto robo y cuánta manipulación.
¿Qué opinará Dios en el juicio?
¿No son ellos peores
que un humilde pecador?

No es cuestión de excusarme,
ni esperar que ellos cambien primero,
sino solo mostrarte
que no es fácil creer en la institución.

Es Dios, no son los hombres,
me dirás,
en quien debemos centrar la atención.

Totalmente de acuerdo.
Dame a Dios sin los hombres,
y yo sin dudarlo me acercaría.

¿Qué tal si caigo en las manos
de unos tiernos equivocados,
o bien de harpías astutas,
o de ambos combinados,
y al fin me deslizan
a un pecado todavía mayor?

¿Y si entonces pensándome santo
no lo soy?
¿Y si me vuelvo un fariseo?
¿Y si llego al diablo más que a Dios?

Por esas cosas me inquieto.
Espero no haberte ofendido,
tampoco asustado.
Esperaré la sabia respuesta
que confío esbozarás
en algún próximo poema.


1 comentario:

  1. Qué sensible que sos a la necesidad ajena!
    Muy bien, hay que saber escuchar y comprender :-) .
    Por eso en la Biblia dice: "el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder"... oremos para que la persona sea tocada por el Espíritu Santo, tenga un encuentro con Dios, experimente el poder de resurrección del evangelio.

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