Quisiera
conocer a Jesús como a un cualquiera
Hablar con
él como si fuera nadie
Preguntarle a
qué se dedican tus padres
Que su voz
fuera una voz más entre tantas.
Pido
viajar a Galilea y acercarme a la multitud como un curioso,
y quejarme
por la sed, el hambre y el sueño,
y luego
asombrarme, espantarme, maravillarme y todo por verlo llenar
mil
canastas de pan, pescado y condimento.
De paso
también preguntarle por su magia (¿de dónde la sacaste?)
Quisiera
dudar de él, sospechar, no saber si miente, si es loco,
blasfemo,
agitador, profeta o el Hijo de Dios.
Quiero
estar ahí durante el juicio y gritar por Barrabás
Quiero
verlo en la cruz y admirar su entereza,
y sentirme
culpable; decir que era sangre inocente
y rogar al
Cielo misericordia.
Quiero
creer en él o burlarme de él,
como sea,
pero por haber estado,
por
haberlo visto como a “un tal Jesús de Nazaret que predica”
Y
preguntarme quién es este que manda al mar y la tormenta.
Verlo
enojado,
y llorar y
reír y tomar vino con él…
¿Puedo,
acaso?
¿Puedo
empezar de nuevo, y vivir y ser un cristiano?
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