27 feb 2014

Me acerco

Tan humildemente,
tan despacio,
como nos llama la luna en la tarde.
Titubeo,
mi voz es frágil,
y aunque quisiera tronar
(me escoltaran cielos y estrellas),
pienso desdeñarías mi gloria.
Tierna y severa paloma blanca,
tu mirada perfecta derrumbaría toda la soberbia de mis empeños.

En ropa de infante,
como si solo jugara al amor,
liebre temerosa deja su flor a tu puerta.
Espera,
escondida entre las hojas,
que al ver su tesoro consagrado
no lo dejes morir en la sombra.
Espera solamente,
oculta en palabras,
que florezca para siempre su vida sobre tu alma.

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