Yo estuve ahí. Hace un tiempo.
Vi como naufragabas la calle
debatiendo contra tus ganas de
vivir.
Vi tu silencio profundo,
tu desprecio a las palabras.
Repasabas las mil y una doctrinas y
esperanzas del saber humano,
las prédicas de la religión,
los monumentos al amor y la nobleza.
Repasabas las glorias del arte,
los elogios al trabajo y la
vocación.
Nada, nada, nada era algo.
Entonces todo era pobre,
igual de ruido,
fundamentos pensados quizás para
otro,
siempre para otros.
Te vi recordando alegrías,
añorabas tus momentos de ilusión.
Vi como querías cerrar los ojos,
dormir
y amanecer como niño,
ser cargado por mamá y papá,
y sentir que la vida no es más que
juegos, salidas, abrazos, regalos...
Te vi cuando gritabas en tu pieza,
y cerrabas el puño
y pateabas todo.
También te oí cuando decías 'por
qué'.
Pasaste una hora desnudo mirando el
techo.
Pero hay más cosas que vi.
Ese día,
cuando estabas al borde de
entregarte a la sombra,
dijiste levemente
que quizás valiera la pena esperar.
No aceptaste la completa desidia.
Vi cuando miraste al sol de frente,
y a tus costados,
y decidiste buscar un nuevo camino.
Vi cuando empezaste a ayudar a los
demás.
Vi como ahorraste juicios y ataques.
Cómo dejaste de competir.
Cómo perdonaste a tus padres,
lloraron los tres y comieron juntos,
después de tantos años.
Vi como fuiste sincero con los
hombres,
los sentiste parte de vos.
También leí tus poemas y las
canciones
que hacías para honrar la belleza
del mar y la tierra.
Te vi ganar muchas medallas,
y estar tranquilo.
Te vi perder cosas y amigos,
sufrir y aun estar tranquilo.
Te vi cambiado.
Fuiste mi inspiración.
Hablé de vos a todos los míos.
Vení,
sentate.
Ya está.
Ahora bebamos esta copa y riamos.
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