¿Por qué miro todo
y veo nada?
Tantas
cosas que hago y lo que pienso,
y tan
pocas las veces que
pregunto
“¿qué
busco?”
Cómo puedo
ser indiferente
a mis
dudas,
al
silencio
que duele
y que nada
lo calma.
¿Y qué si me
enfrenta la muerte,
y qué si
lo dejo todo,
y qué si
me desnudan
y lo
pierdo
todo?
¿Qué soy a
fin de cuentas, qué traigo?
¿Qué hay
en mí que dure
por siempre?
Busco algo
que esté más allá.
Más allá
del tiempo,
de la
muerte,
del polvo.
Más allá
de la luz,
de los ruidos…
¿Será Dios
lo que busco?
Es que no
puedo solo.
Es que me
siento débil
y quiero
algo,
y quiero
algo quiero una fuerza…
¡Quiero
algo grande quiero algo grande!
Algo que
sostenga
a esta
mente a este hombre a este ser
que
flaquea,
que cae.
Esa
fuerza, ¿qué será
esa fuerza
que pueda estar,
¡que no se
diluya que no se pierda!,
que no la
frene el tiempo,
que no la
frene el Universo
ni el Sol…
ni
nada
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