Aun
sin saber,
sin
creer,
sin
entender siquiera cómo,
por
qué,
o
en qué lugar y cuándo debiera buscarte.
Sin
amar ni los templos,
ni
los mitos,
ni
los cantos profundos.
Sin
llorar.
No
golpearía mi pecho,
ni
diría que soy un pecador ni juraría.
No
pediría consejo a los santos,
ni
a vivos ni a muertos que presuman
conocerte
y gustarte.
He
visto cosas horrendas.
Me
han traicionado y se han burlado de mí.
Demasiadas
angustias,
decepciones
que ya no podría contar.
¿Quién
vendrá y responderá a mi inquietud?
¿Quién
hay en los cielos que haya visto,
que
haya oído el sollozo,
el
grito,
mi
silencio?
Yo
estuve solo.
Estuve
solo y Dios huía.
¡Cuántas
veces lo llamé,
cuánto
busqué de mil formas,
cuánto
lo amé!
Tiemblo.
¿Qué
diré en mi oración?
¿No
agoté ya la fe y sus demandas?
Nada.
Pido
una última esperanza a mi ser.
Porque
muero.
¿Qué
tendré si no te tengo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario