Tal vez en lo profundo
de algún bosque del sur,
en las alturas
cordilleranas
o en el río y la aridez
de Mendoza.
En Santiago tal vez,
ahí en la Salamanca,
o más al norte,
a la memoria quechua,
donde van tantos
buscadores,
o quizá en el litoral,
bajo el amparo de
Antonio
Mamerto Gil, gaucho
adorado.
¿Será en Capital,
rodeando el Obelisco
o entre manteros del
Once,
en los lagos de Palermo
o en las zonas de
arrabal?
¡Qué tanto!
No sé si convenga
arrimarme a un comité,
a una central peronista,
a una agencia de
seguros,
a un mercado chino,
a un templo de mormones,
a una casa cualquiera
o a un hospital.
Tal vez esté entre mucha
gente,
o quizá no sé,
en algún grupo selecto,
o en medio de la nada,
con solo piedras y
pasto.
¿Tendré que hablar con
algún obispo?
Quizás sea mejor un
pastor
evangélico, adventista o
de la iglesia universal.
Pero también hay por ahí
otras cosas llamativas,
si hablamos de
espiritualidad.
Encuentro testigos,
también yavistas,
o de hecho rabinos,
imanes,
monjes del Buda, siervos
de Shiva,
meditadores de gran
variedad,
inhaladores y
exhaladores,
eutonistas, biodanzantes
y yoguis,
también macumberos,
quienes cantan a la tal
Yemanyá.
Hay algunos más
indigenistas,
otros de corte europea,
tal sea masones o
rosacruces,
y hay jesuitas,
seguidores de
extraterrestres,
de espíritus guía,
de señores o señoras ya
difuntos,
o de profetas de sí
mismos,
nuevos cristos, nuevos
anticristos.
Pero mi ansia de saber,
de hacerme con el
secreto invaluable,
no se agota en el
terreno
del camino espiritual.
Por qué no, pensé
también,
ir a la UBA o al Partido
Socialista.
Tal vez siendo ateo o
agnóstico,
sin ninguna
superstición,
leyendo a Marx o bien a
Adam Smith,
o a Sartre o a Lévinas,
qué sé yo,
alguno bueno,
me cure y viva sereno,
sea útil al mundo en el
Más Acá.
Pero el Arte también
tiene su cosa.
¿No hay mucha promesa
en la vía del poeta
o del genio compositor?
Qué flauta, no lo sé,
y ya se me infla la
cabeza.
Podría mejor jugar a las
cartas,
salir con minitas,
mirar el Mundial en el
bar de a la vuelta,
y ya no preguntar.
Pero algo me pica
adentro,
y pica que no se cansa.
¡Vaya que pica!
Así que no me bajo.
Si hay Dios, quiera Dios
que no me tarde mucho,
que no muera antes,
que halle el secreto,
y que viva con él,
como buen tesoro.
Paz interior. Armonía con uno mismo y con Aquel nos dio la vida. Eso trae felicidad, éxito.
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