27 feb 2014

Aquel secreto

Tal vez en lo profundo
de algún bosque del sur,
en las alturas cordilleranas
o en el río y la aridez de Mendoza.

En Santiago tal vez,
ahí en la Salamanca,
o más al norte, 
a la memoria quechua,
donde van tantos buscadores,

o quizá en el litoral,
bajo el amparo de Antonio
Mamerto Gil, gaucho adorado.

¿Será en Capital,
rodeando el Obelisco
o entre manteros del Once,
en los lagos de Palermo
o en las zonas de arrabal?

¡Qué tanto!

No sé si convenga
arrimarme a un comité,
a una central peronista,
a una agencia de seguros,
a un mercado chino,
a un templo de mormones,
a una casa cualquiera
o a un hospital.

Tal vez esté entre mucha gente,
o quizá no sé,
en algún grupo selecto,
o en medio de la nada,
con solo piedras y pasto.

¿Tendré que hablar con algún obispo?
Quizás sea mejor un pastor
evangélico, adventista o de la iglesia universal.

Pero también hay por ahí
otras cosas llamativas,
si hablamos de espiritualidad.

Encuentro testigos, también yavistas,
o de hecho rabinos, imanes,
monjes del Buda, siervos de Shiva,
meditadores de gran variedad,

inhaladores y exhaladores,
eutonistas, biodanzantes y yoguis,
también macumberos,
quienes cantan a la tal Yemanyá.

Hay algunos más indigenistas,
otros de corte europea,
tal sea masones o rosacruces,
y hay jesuitas,

seguidores de extraterrestres,
de espíritus guía,
de señores o señoras ya difuntos,
o de profetas de sí mismos,
nuevos cristos, nuevos anticristos.

Pero mi ansia de saber,
de hacerme con el secreto invaluable,
no se agota en el terreno
del camino espiritual.

Por qué no, pensé también,
ir a la UBA o al Partido Socialista.

Tal vez siendo ateo o agnóstico,
sin ninguna superstición,
leyendo a Marx o bien a Adam Smith,
o a Sartre o a Lévinas,
qué sé yo,
alguno bueno,
me cure y viva sereno,
sea útil al mundo en el Más Acá.

Pero el Arte también tiene su cosa.
¿No hay mucha promesa
en la vía del poeta
o del genio compositor?
Qué flauta, no lo sé,
y ya se me infla la cabeza.

Podría mejor jugar a las cartas,
salir con minitas,
mirar el Mundial en el bar de a la vuelta,
y ya no preguntar.

Pero algo me pica adentro,
y pica que no se cansa.
¡Vaya que pica!

Así que no me bajo.

Si hay Dios, quiera Dios
que no me tarde mucho,
que no muera antes,
que halle el secreto,

y que viva con él,
como buen tesoro. 


1 comentario:

  1. Paz interior. Armonía con uno mismo y con Aquel nos dio la vida. Eso trae felicidad, éxito.

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