27 feb 2014

Hija de la luz

¿Qué pasó?
¿Cómo quitaron tu paz?

¿Quién fue tan fuerte,
tan astuto y laborioso?
¿Quién fue tan agudo?
¿Quién tuvo tanta malicia,
tanto desprecio y frialdad?
¿Quién pudo quebrar así tu alma?
¿Quién te ha dañado así?

¡Salga ahora!
¡Veamos su rostro!
¡Sepamos su nombre y su edad!

¿Por qué se esconde el que te apunta?
¿Qué meta hay en su conspiración?
¿Acaso envidió tu sonrisa?
¿Acaso envidió tu amor?

¡Hable y diga sus razones!
¡Explique su causa al tribunal!
¡Justifique si puede sus maneras!
¡O baje sus hombros!
¡Gima en angustia y pida perdón!

No, corona.
No, esmeralda.
No, hija de estrellas y esperanzas.
No caigas en la débil trampa del mal.
No, lumbrera.
No, sal de la tierra.
No, perfecta amada de Dios.
No flaquees, no cedas.
No, coraza.
No, torre.
No, vasija limpiada por Él.

¡Cómo gozaremos al tiempo de la cosecha!
Aquel día, cuando sean por fin derribados
el necio, el perverso, el altivo y el opresor.
¡Haremos fiesta aquel día!
¡Saltaremos, volaremos, cantaremos la vida!
Seremos hermanos del gorrión.
Seremos antorcha.
Seremos flauta y guitarra.
Seremos colores que nadie pintó.
Seremos pura gracia.
Plena eternidad.

Oh hija del cielo,
niña de los ojos de Dios.
¡Cómo no aguardaremos!
¡Cómo no esperaremos jubilosos
nuestra entera promesa,
la palabra sellada,
el juramento, la herencia,
el favor de nuestro Señor!

Hagamos bien al maligno.
Perdonemos diez y cien veces diez.
No pequemos. Velemos, oremos.
Demos al Padre gritos de alabanza.
Seamos mansos y humildes,
pequeños aunque grandes de corazón.

Y el Dios de toda paz,
y el Príncipe que salva a los hombres,
hará aumentar en su jardín nuestro tesoro.
¡Y ahora y para siempre
reinaremos alegres con Él!

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