¿Qué
pasó?
¿Cómo
quitaron tu paz?
¿Quién
fue tan fuerte,
tan
astuto y laborioso?
¿Quién
fue tan agudo?
¿Quién
tuvo tanta malicia,
tanto
desprecio y frialdad?
¿Quién
pudo quebrar así tu alma?
¿Quién
te ha dañado así?
¡Salga
ahora!
¡Veamos
su rostro!
¡Sepamos
su nombre y su edad!
¿Por qué
se esconde el que te apunta?
¿Qué
meta hay en su conspiración?
¿Acaso
envidió tu sonrisa?
¿Acaso
envidió tu amor?
¡Hable y
diga sus razones!
¡Explique
su causa al tribunal!
¡Justifique
si puede sus maneras!
¡O baje
sus hombros!
¡Gima en
angustia y pida perdón!
No,
corona.
No,
esmeralda.
No, hija
de estrellas y esperanzas.
No
caigas en la débil trampa del mal.
No,
lumbrera.
No, sal
de la tierra.
No,
perfecta amada de Dios.
No
flaquees, no cedas.
No,
coraza.
No,
torre.
No,
vasija limpiada por Él.
¡Cómo
gozaremos al tiempo de la cosecha!
Aquel
día, cuando sean por fin derribados
el
necio, el perverso, el altivo y el opresor.
¡Haremos
fiesta aquel día!
¡Saltaremos,
volaremos, cantaremos la vida!
Seremos
hermanos del gorrión.
Seremos
antorcha.
Seremos
flauta y guitarra.
Seremos
colores que nadie pintó.
Seremos
pura gracia.
Plena
eternidad.
Oh hija
del cielo,
niña de
los ojos de Dios.
¡Cómo no
aguardaremos!
¡Cómo no
esperaremos jubilosos
nuestra
entera promesa,
la
palabra sellada,
el
juramento, la herencia,
el favor
de nuestro Señor!
Hagamos
bien al maligno.
Perdonemos
diez y cien veces diez.
No
pequemos. Velemos, oremos.
Demos al
Padre gritos de alabanza.
Seamos
mansos y humildes,
pequeños
aunque grandes de corazón.
Y el
Dios de toda paz,
y el
Príncipe que salva a los hombres,
hará
aumentar en su jardín nuestro tesoro.
¡Y ahora
y para siempre
reinaremos
alegres con Él!
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