Y me aturden tu amor y tu desprecio.
Pienso que estás obstinado en
engañarme.
Endulzás la conversación,
encontrás el modo de alegrarme
y de hacerme creer tu chica deseada,
pero luego te alejás con total
indiferencia,
como si hubieras cumplido una
misión.
Pero sé que sos un hombre, no sos un
ángel,
y no es de hombres la ambigüedad.
¿Qué esperabas de mí,
que aceptara contenta la escueta
ración
de tus afectos y caricias,
para después seguir sonriendo a la
vida
como quien goza de a momentos
un poema o alguna comida particular?
No, no tengo tu frialdad,
o acaso tu aura sobrehumana.
Yo estoy hecha de carne,
y también de sentimientos.
Yo te quiero completo o no te quiero
nada.
Insultame si no,
tratame de forma ruda,
hacé algo que me deje odiarte, que
justifique olvidarme de vos.
No puedo soportarte así de dulce y
bueno,
si no vamos a hacer juntos las
mañanas.
Porque soy celosa,
y me angustia que seas igual con
todas las mujeres.
Todas bailan con vos en la fiesta,
y se ríen y disfrutan,
pero yo quiero ser especial.
Quiero que me elijas a mí para pasar
la noche.
Quiero que me des flores y
chocolates y me cantes la serenata.
Quiero que pongas mi nombre en las
nubes
y cuentes a tus amigos nuestras
hazañas en la cama.
¡Te quiero completo o no te quiero
nada!
¡Blanco o negro, desierto o glaciar!
No te quedes parado sobre la raya.
Aunque pensándolo bien,
no ha sido todo tan grave.
Tal vez pueda acostumbrarme a tu
ambigüedad.
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