27 feb 2014

Cuán necio soy

Arrogante.
Ciego que dice que ve y nunca asume que se choca con miles de cosas.
Tan dormido, tan apático,
tan idólatra,
buscando siempre cómo embellecer,
cómo depurar,
cómo iluminar y engrandecer mi propia imagen ante los otros:
que artista, que poeta, que siervo de Dios...
Son todas excusas de la vanagloria.
Ahora me siento desolado,
hasta casi que temo llamarme buena persona. ¡Ay,
cuánto duele querer amar
y de pronto ver la terrible coraza en el alma
por la que doy lo justo y menos,
por la que ayudo y elogio apenas para no quedar mal.
Estoy avergonzado,
creyéndome sabio me volví necio,
por pensarme maestro nunca más aprendí.
Se me hace que el Cristo, de quien tanto hablo,
aun me espera en el pueblo,
en la casa de la viuda,
pregunta por qué todavía no llegué,
él ya empezó a hacer milagros,
a dar comida, consuelo y aliento,
mientras yo limo mis uñas
y planeo fundar una nueva vanguardia
y ganar premios y mirar al mundo por sobre el hombro.
Ay, qué maldita estructura de muerte,
qué vida entregada al fracaso,
cuántos tesoros ignorados,
cuánta palabrería barata. Me quiebro, estoy desintegrado,
quiero callarme tanto que pueda oír al amor,
oír la necesidad de los que pasan a mi lado.
Y humildemente,
sin pedir recompensa ni gracias,
darme de lleno,
con lo que sea que tenga,
aunque me quede en la miseria.
Sé que no alcanzaré nunca al Dios verdadero
de no ser que rompa este vaso
y deje caer toda el agua,
y muera a toda esta pesada carga,
para ganar la vida,
si me acepta el Creador en su misericordia,
si aprendo la real sabiduría,
y no me busco prendas doradas
sino que barro, lavo,
friego, trabajo,
y hago todo lo que venga a mano hacer
para alegrar al otro
y aliviarlo aunque sea poco.
Abrazar con intensidad.
Exaltar siempre las virtudes de mis pares, amigos, familia, autoridades y aun de la misma Naturaleza.
Ya no quiero tener la razón,
y menos un sarcasmo afilado,
ni saber siempre qué les falta mejorar a los demás.
Quiero salir y, entre el pueblo,
pueblo sufriente y necesitado como yo,
seguir de verdad el camino del Salvador.

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