¿Dónde
está ese señor de pelo blanco
que
en cada cosa ve un chiste,
que
si fuera por él no habría suegras,
nadie
pondría a su hijo Manolo,
nadie
daría tanta importancia
a
las leves y pasajeras desgracias,
que
para él también tienen su gracia?
¿Dónde
está ese señor
que
aunque se ríe tanto y tanto hace reír,
sabe
llorar con los que lloran
y
dar el abrazo en el tiempo que hace falta?
¿Dónde
está el hombre que se hace niño,
que
juega con niños y conoce a fondo su sensibilidad,
que
aun el más bravo lo respeta,
y
no por su fuerza,
no
por voz de severidad?,
los
niños respetan y honran a su amigo,
al
que es su hermano mayor,
a
su ángel de zapatos enormes y un tomate en la nariz,
ropas
coloridas,
que
les canta de animales, de frutas,
de
los piojos y de los autos,
también
de Dios y del niño Salvador.
¿Dónde
está ese payaso que es pura humildad,
que
en su andar hay dulzura
y
en su paso gran ligereza?
¡Creo
que sé dónde está ese hombre niño señor payaso!
¡Creo
haberlo visto alguna vez!,
tal
vez sin trucos de magia,
tal
vez sin muñecos,
tal
vez sin pintura en la piel.
Vi
a un ángel como él en mi casa.
Mañana,
tarde y noche duraban sus shows.
Si
yo lo pedía, él los repetía,
podía
explicarme los chistes,
podía
cantar junto a él.
Papá
payaso:
hay
algo que sé,
que
en sus muchos años de historia,
este
hermoso payaso
jamás
ha hecho tanto bien por un niño
como
lo ha hecho por mí.
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