27 feb 2014

Mi papá el payaso

¿Dónde está ese señor de pelo blanco
que en cada cosa ve un chiste,
que si fuera por él no habría suegras,
nadie pondría a su hijo Manolo,
nadie daría tanta importancia
a las leves y pasajeras desgracias,
que para él también tienen su gracia?
¿Dónde está ese señor
que aunque se ríe tanto y tanto hace reír,
sabe llorar con los que lloran
y dar el abrazo en el tiempo que hace falta?
¿Dónde está el hombre que se hace niño,
que juega con niños y conoce a fondo su sensibilidad,
que aun el más bravo lo respeta,
y no por su fuerza,
no por voz de severidad?,
los niños respetan y honran a su amigo,
al que es su hermano mayor,
a su ángel de zapatos enormes y un tomate en la nariz,
ropas coloridas,
que les canta de animales, de frutas,
de los piojos y de los autos,
también de Dios y del niño Salvador.
¿Dónde está ese payaso que es pura humildad,
que en su andar hay dulzura
y en su paso gran ligereza?
¡Creo que sé dónde está ese hombre niño señor payaso!
¡Creo haberlo visto alguna vez!,
tal vez sin trucos de magia,
tal vez sin muñecos,
tal vez sin pintura en la piel.
Vi a un ángel como él en mi casa.
Mañana, tarde y noche duraban sus shows.
Si yo lo pedía, él los repetía,
podía explicarme los chistes,
podía cantar junto a él.
Papá payaso:
hay algo que sé,
que en sus muchos años de historia,
este hermoso payaso
jamás ha hecho tanto bien por un niño
como lo ha hecho por mí.

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