Ser
hijo,
vivir la herencia de un hijo de Dios.
Recorrer
en confianza los patios de su casa,
que
es mi casa.
No
preguntar, no pedir por favor
sino
saber de antemano qué le gusta, qué no le gusta…
Y
estar en paz, tranquilo,
sea
de día o de noche, sin miedo a ladrones
─sin
miedo a nada en particular.
En
la casa de mi Padre todo es perfecto,
lo
parezca o no,
todo
está ordenado aunque no lo parezca.
De
hecho las cosas se mueven constantemente,
de
un lado a otro como las aguas.
Pero
el Espíritu se mueve sobre las aguas,
y
el caos es orden en la casa de mi Padre.
Y
yo quiero entrar en ese orden.
Sentirlo vivamente.
Moverme
junto a las cosas que se mueven
y
también andar sobre ellas
como
el Espíritu de mi Padre.
Porque
sé
que
lo otro es la muerte:
Menos es la muerte.
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