27 feb 2014

En la casa de mi Padre

Ser hijo,
vivir la herencia de un hijo de Dios.
Recorrer en confianza los patios de su casa,
que es mi casa.
No preguntar, no pedir por favor
sino saber de antemano qué le gusta, qué no le gusta…

Y estar en paz, tranquilo,
sea de día o de noche, sin miedo a ladrones
─sin miedo a nada en particular.

En la casa de mi Padre todo es perfecto,
lo parezca o no,
todo está ordenado aunque no lo parezca.
De hecho las cosas se mueven constantemente,
de un lado a otro como las aguas.
Pero el Espíritu se mueve sobre las aguas,
y el caos es orden en la casa de mi Padre.

Y yo quiero entrar en ese orden.
Sentirlo vivamente.
Moverme junto a las cosas que se mueven
y también andar sobre ellas
como el Espíritu de mi Padre.

Porque sé
que lo otro es la muerte:
Menos es la muerte.

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