27 feb 2014

Frente a Jesús

Dijeron que viniera, que eras muy bueno,
lo mío es complejo y no serás el primero que lo intente.
Todos son iguales, quieren ayudar
pero siempre piden algo a cambio. ¿Y vos?
¿Cuál es tu precio?
Ya sé, tendré que ir seguido
a misa o a cantar con los evangelistas. O
quizás dar limosna, quizás prender velas
a un vos crucificado, a una virgen, a san pirulo...
O amar al prójimo, no sé, no entiendo nada.
¡Ey! ¿Vas a decir algo acaso? ¿Eh? Si pregunto
pido que respondas. No te quedes
mirando calladito con cara de santo,
¡no, no pido que me abraces!, ¿qué hacés?
¿Por qué no hablás, Jesucito? ¿Quién sos?
Uf, siempre lo mismo
con los de tu clase. Uno está mal,
hace preguntas,
y ellos te tratan como a un infeliz.
¡No soy un infeliz! ¡No,
soy un hombre sensato que quiere
que lo escuchen, que lo abracen…
No, qué digo, lo que quiero es que me hablen,
que me digan cómo son las cosas
en la vida, en todo,
y sin misterio, sin proverbios,
con letra clara y sencilla.
Bueno, veo que eso es imposible,
ni vos ni nadie parecen ser los indicados.
Me voy, disculpame la molestia,
andá, volvé a la cruz,
a misa o a escuchar a los evangelistas.
Ya sabré qué hacer con mi problema.
Igual gracias por el abrazo.

Abrazo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario