Sabés que no soy Dios, ni Shakespeare,
yo soy un chico muy jovencito,
pobrecito,
que se esfuerza por impresionar.
¿Vos me conocés, verdad?
Sí, una vez hablamos y te
emocionaste, me acuerdo,
yo decía ser escritor y compositor,
dije incluso que era un escogido.
¿Vos me creíste?
Sí, vos me creíste, recuerdo,
y me hiciste muchas preguntas
sobre la historia, el arte y
especialmente
sobre la vida, y sobre las cosas
profundas del alma: ¿qué es la salvación?
Respondí vehemente, ¿no? Hablé como
un profeta, pensarás.
Y me aterro,
porque ahora sé que leerás mis
poemas,
y esperarás sentir a Dios como brisa
o tormenta,
y un estilo que exceda la historia y
a Shakespeare,
y a Lorca. ¡Pero no!,
lo de ese día fue un no sé qué,
olvidalo,
no tengas altas esperanzas, ¡ah!, no
soy más que un joven
pobre chiquitito que se esfuerza por
impresionar. ¡Sí!
Y soy flaquito y un poco loco.
De hecho todo lo que escribo lo
escribo mal.
Nunca dejo de equivocarme,
y aunque me esfuerzo no impresiono.
Y las hermosas que busco no me
aprecian, ni me miran,
y no tengo más que llorar a veces
y consolarme con saber que un día
en el que estabas vos frente a mí,
conversábamos,
y mientras hablábamos un rayo de
Dios y de Shakespeare
me tomó y dije las cosas de la
profundidad
sin equivocarme ni tartamudear,
y sé que hubiera hechizado a todas
las hermosas del barrio.
Pero tristeza, hoy el rayo no está,
y ojalá no esperes nada de mí,
porque no quiero ver que te
desilusiones.
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