27 feb 2014

El ímpetu

Pruébenme en esto:
Digan a la montaña que me adore.
Digan al pino y el sauce.
Digan a las piedras en la playa.
Digan a la espuma y la ola.
Digan al trueno.
Digan a la lluvia misma.

Digan a la tierra humedecida.
Digan a la hoja.
Digan a la flor y la espina.
Digan a la hormiga y la paloma.
Digan al perro.
Digan al pez.
Digan al más sutil organismo.

Digan al tiempo.
Digan al invierno y el sol.
Digan a cada planeta.
Ordenen a la vasta inmensidad.
Pidan a toda la creación que me adore,
y verán si acaso dudan,
si acaso duermen,
si acaso huyen sin entender.

Pero el tesoro de mis manos,
mi objeto más precioso,
a quien di dignidad como a ningún otro ser,
a quien hice a mi imagen,
y concedí libertad;
a quien más ofrecí y de quien más demando,
al ser humano,
debo hablarle de mil maneras,
como a hijo lento y rebelde,
buscarlo como un perseguidor,
siendo yo su Dios,
el autor de su vida.

¿Hasta cuándo vacilará?
¿Hasta cuándo seguirá
preso en la trampa
de sus vanos argumentos?
Ya cansado estoy de esperar.
De inclinarme como siervo,
si no puede verme,
ni oírme,
porque ha querido estar lejos de mí.

No sabe que su hora llega,
cuando querré ver el fruto de su afán,
y escuchará mis razones sin poder evitarlas.
Le diré mi verdad y no callaré.
Mi sola palabra hace temblar los infiernos.
Nadie que se levante contra mí,
y pretenda desafiar mi corona,
tendrá la paz.

Bendito el manso.
Bendito el humilde.
Bendito el que mira su alma y no su vientre.
Bendito el que pone red en su boca.
Bendito el hombre prudente.
Bendito el que me busca.
Bendito el que pregunta para saber.
Bendito el que al oír obedece.
Bendito el que tiene hambre espiritual.
Bendito el íntegro.

Mayor que mi ira es mi amor,
y en mi justicia hay abundante misericordia.

A todos los sedientos:
Vengan a las aguas.
El que tiene sed
venga a mí y beba.
Porque agua de vida es mi palabra,
y fuente de luz mi verdad.

Todo el que me honra
y se inclina ante mí
recibirá salvación,
gozará,
y el mal no podrá con su alma.

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