Vamos,
niñito, vamos,
no oigas
más al extraño.
¿Por qué
andar en mala compañía,
durmiendo
fuera de casa,
siguiendo
todo consejo,
abriendo
todo regalo,
menos
aquello perfecto,
aquello
bueno dado por tu único,
tu sabio
padre que te ama?
Vamos,
chiquitito, la noche avanza.
¿Qué vas
a hacer ahí solito
si en la
calle todo amenaza?
¿Quién
te hizo pensar,
concebir
en tu ingenua mente,
con tal
presteza estimar
que tu
padre bueno
al
hablarte mentiría?
Sospechabas
de él, te alejaste,
y su
enemigo rio, y quebró tus alas,
puso
roca a tus pies,
llevó
tus ojos por cualquier abismo.
¡Vamos,
hijo selecto!
¡Despertate
pronto!
No hay
mentira, no hay error,
no hay
fraude ni miseria
sino en
toda promesa del mal,
en voz
de aquel homicida
que sabe
vestir coloridamente,
darte
chocolates,
algún
que otro vano divertimento,
para
luego, confiado en él,
recostado
en su falda,
pueda
usurpar tu virginidad,
carcomer
tu alma,
herirte
infinitamente.
Ha
salido tu padre,
grita y
llora tu nombre en las plazas,
tiene
amigos que lo ayudan,
todos te
buscan.
¿Dónde
estará mi hijo?
¿Por qué
se apartó de mí?
¿Por qué
no entendió los caminos
que en
prudencia y amor
quise
trazar para él?
¿Por qué
no pudo esperar,
que al
tiempo debido crecería
y sería
rico en toda mi herencia,
y nunca
nada le faltaría?
¿Quién
fue que lo sedujo?,
¿qué vil
engañador ha salido tras él?,
¿qué
haré cuando lo halle?,
¿acaso
no lo castigaré?
¡Tu hijo
está acá!,
anuncian
sus amigos.
El frío
de una sombra eterna.
¡Mi
pequeño, mi tesoro,
carne de
mi carne, vida mía!
Lo
entregaría todo,
rompería
todo mi ser,
si fuera
tu sangre mi sangre,
fuera tu
muerte la mía,
y así
vivieras,
corrieras
y alumbraras
en la
hermosa gloria de tu edad.
¿Cómo descansaré,
y
contendré los clamores
y daré
fin a mi pena?
Te has
ido, hijo mío, ¿y qué haré?
¿Quién
viajará hasta el infierno desolador,
hollará
a la serpiente,
y hará
volver a mi hijo perdido?
¿Quién
será capaz de tal obra?
¿Quién
se reirá del burlador,
quién
matará al asesino,
quién
hará callar al gran engañador?
Oh, ya
sé quién será,
y sé que
pronto lo hará.
Me hizo pensar en la parábola del Hijo pródigo, pero con un final distinto. El hijo muere antes de volver a encontrarse con su padre.
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