¿Quién hay que pueda honrar la verdad?
¿Dónde están esos hombres, esas mujeres,
que antes que la fama, antes que el dinero,
antes que cualquier comodidad,
antes que la vida misma del cuerpo,
prefieran honrar la justicia y no vendan su luz?
¡Pobre humanidad!
Las multitudes enloquecen.
Los sabios traicionan su saber.
La ciencia comercia al igual que la fe.
Las naciones se declaran en guerra
y luego sus líderes en oculto
ríen y juegan.
Quien mueve el oro mueve las almas, dirán.
¿Acaso el alma está hecha de oro?
No, pero somos ciegos,
no entendemos siquiera nuestro propio valor.
¿Podremos llorar lo suficiente?
¿Podremos hacer suficientes poemas?
¿Podremos gritar con la debida vehemencia?
¿No se ha tejido ya la red de la malicia?
¿No ha triunfado Lucifer sobre todas las cosas?
‘Salvemos el mundo’,
exclamarán ahora los hijos de la mentira.
‘Hagamos un tratado de paz’.
¡Cómo se burlan de nosotros, ingenuos!
Quien hizo el veneno vende la cura.
¿Alguien podrá avergonzar al farsante,
que peina bien y sonríe,
y tiene su rostro y su mirada
como los de un tierno cachorro?
¿Dónde está ese niño sincero y valiente
que diga ante todos “¡anda desnudo el emperador!”?
El que era bueno ya no lo es.
Fue al olvido su integridad.
Quedan solo apariencias, vestigios,
solo actores de la piedad.
Esta noche es oscura como ninguna otra.
Vamos a tientas, chocando.
Seguimos todos las últimas modas,
los nuevos productos,
lo que sea que manden la tele,
internet o la radio,
o los gobiernos o incluso algunas iglesias,
o algún nuevo guía espiritual,
o algún filósofo de renombre.
Confiamos sin explorar,
sin hurgar por la raíz de las cosas.
¡Ah! ¡No queda más que gemir!
Ni en la izquierda ni en la derecha,
ni en ninguna clase de centro,
ni en grandes ni en pequeños partidos
parece haber salvación.
Se han corrompido todos.
¿Y qué queda entonces que podamos hacer?
¿No son ellos mayores y más fuertes que nosotros?
¿No es la hipocresía dueña de las armas?
¡Supieras, hermano!
¡Maldito el hombre que espera en el hombre!
¡Bendito el hombre que espera en el Señor!
Que esto abra nuestros ojos,
que aceptemos de una vez
la realidad que fue desde siempre:
‘lo esencial es invisible’, se ha dicho.
‘No hay razón mayor que la razón del corazón’.
¿No nos dijo el Maestro
que tuviéramos en poco hacer tesoros en la tierra,
que fácilmente se pierden y cualquiera los roba?
Hagamos, dijo, tesoros en los cielos.
¿Dónde están aquellos capaces
de entender el sentido profundo de todo esto?
¡Bendito el que encuentre la razón eterna!
¡Bendito quien vea lo que no se ve!
¡Bendito el que se haga de armas de fe!
¡Bendito quien busque sobre todo
la virtud, la verdad, la nobleza y el amor!
¡Bendito el que aprenda el misterio
de ser enemigo del mundo al ser amigo de Dios!
Pronto muy pronto emergerá,
tras esta oscurísima noche el gran Sol de la
Justicia.
Los que hoy ríen entonces llorarán.
Los que hoy lloran entonces serán consolados.
Bendito el que halle esta esperanza.
El mundo y su locura pasarán,
pero mi palabra, dijo Aquel,
jamás pasará.
Que esta noche oscura del mundo se acorte, que podamos ver la Luz, rodearnos, llenarnos con ella, antes que sea demasiado tarde.
ResponderEliminarEs la noche donde el ataque de Lucifer y todos sus huestes será con su máxima intensidad.
ResponderEliminarLa Iglesia está adormecida, pero Dios aún tiene esperanza en nosotros, El Espíritu Santo nos guía a toda Verdad y nos está despertando e incomodando para discernir y poner por obra lo que se nos ha encomendado, como hijos del Altísimo. Roguemos que no nos falte la fe y que no se nos enfríe el Amor, para que "la noche oscura" no nos impida ver la Luz.
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