Vean el cielo. Vean la tierra.
Vean al hombre puesto en el medio.
Vean al diablo. Vean a Cristo.
Vean al hombre en la batalla.
Véanlo
todo.
Sus ojos no perdonen
ni el más fino error.
Vean el alma de los hombres.
Vean la muerte. Vean el hambre.
Vean la
angustia, la miseria, la impiedad.
Vean la sangre derramada.
Vean toda la crisis.
Vean al lobo.
Vean a aquel vestido de oveja.
Vean también a la oveja.
Vean también al león.
Vean al justo. Vean al puro.
Vean al que no se venga.
Toda risa. Todo llanto.
Cada esperanza.
La verdad y el engaño.
Vean el infierno y la senda de la luz.
Véanse ustedes.
Surquen su abismo y su plenitud.
Dios los ampare.
Dios los oriente.
Dios los refugie en su corazón.
Niños poetas,
soldados del arte y la belleza,
hombres de justicia y sobriedad.
Tomen seriamente las cosas.
Sean como fuego.
Sean martillo que rompe.
Sean martillo que afirma.
Sean la muerte del mal.
Dios los renueve.
Dios los llene de poder.
Y todos los hijos de esta nación
crezcan al son de sus poemas.
Que la Luz de Dios ilumine, renueve y llene de poder los versos de todos los poetas.
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